Paso 1: confirmá que el problema es WiFi, no internet
Conectá un dispositivo por cable de red directamente al router o al switch principal y corré una prueba de velocidad (por ejemplo en fast.com o speedtest.net). Si por cable la velocidad es la contratada pero por WiFi es mucho menor, el problema está en la red inalámbrica, no en tu proveedor.
Paso 2: medí la señal donde realmente se usa
La velocidad WiFi cae con la distancia y los obstáculos. Medí la intensidad de señal (RSSI) parado en el lugar donde trabajás habitualmente, no al lado del router. Menos de -70 dBm suele significar cobertura insuficiente.
Paso 3: revisá la congestión de canal
En zonas con muchas redes vecinas (oficinas, edificios), los canales de 2.4GHz se saturan. Una app de análisis WiFi (WiFi Analyzer en Android, o el propio panel del access point) muestra qué canal usa cada red cercana. Cambiar a un canal menos ocupado, o migrar dispositivos a 5GHz, suele mejorar la velocidad de forma inmediata.
Paso 4: contá cuántos dispositivos están conectados
Un router doméstico satura su capacidad real bastante antes de lo que promete la caja. Si hay más de 15-20 dispositivos activos (cámaras, TVs, celulares, IoT) compartiendo un mismo equipo sin gestión de tráfico, la percepción de lentitud aumenta aunque el ancho de banda contratado alcance.
Paso 5: identificá la antigüedad del equipo
Access points y routers con más de 5-6 años no soportan bien los estándares WiFi actuales ni gestionan redes con muchos dispositivos simultáneos. Si después de los pasos anteriores el problema persiste, es probable que el equipamiento haya llegado al final de su vida útil.
Si después de estos 5 pasos seguís con el problema
Abrí un ticket a soporte con los resultados de estos pasos (velocidad por cable vs WiFi, dBm medido, canal usado, cantidad de dispositivos). Esa información acelera muchísimo el diagnóstico remoto — ver cómo abrir un ticket y qué incluir.